- Ché recordás esa vez que me queme el dedo con ceniza caliente?
- Sí, lo recuerdo. Quemamos muchos deseos esa noche. De algún modo tendría que doler...
- Duelen hasta el punto que siento que aún arde, quizá dentro haya una masa caliente o algo, por que no para de hervirme la sangre.
- No sé petizo, no sé.
- Ché esa onda suicidista no me está gustando... dale hagamos algo; así como un juego tengo en mente.
- Que es eso petizo... como que suicidista... con cada macanada me venís...
- Mirá yo voy a decir un color, y vos me decís lo primero que se te venga a la mente...
- No sé petizo, cada cosa se te ocurre.
- Dale! empezemos... Verde!
- mmm... color secundario, mezcla del azul y el amarillo.
- Pero no ché!! Qué boludo que sos. Tenés que decir una palabra sin pensarlo.
- Pero qué querés, eso se me viene a la cabeza primero. No me cargués.
- Bueno dale, para vos será lo segundo que se te ocurra. Dale otra prueba: Rojo!
- Estación de trenes en la calle Altorán, al norte del Cacique Plaza. Preferentemente cuando esta atardeciendo.
- Pero vos me estás cargando ché?
- Mira petizo, no sé lo que querés, te digo lo segundo que se me ocurre y te ponés así. Además este es tu juego, no el mío eh!
- Decíme lo tercero que se te ocurra y esta ya tiene que salir: Plomo!
- Lo que te voy a meter si no te callás boludo... me tenés repodrido.
- No hay caso con vos eh; sos estúpido pibe para los juegos y para todo.
- Mira petizo no hinchéz. Vamos a hacer algo yo digo los colores ahora y vos decíme cualquier pavada que se te ocurra. Dale aquí va: Granate azulado con bordes amarillentos!
- Pero vos sos loco?? ese no es un color! Sos un hijo de puta; no se puede jugar así. Me tenés que responder así: Si yo digo rojo, vos decís "pasión, amor, yo que sé" Sí yo digo azul, vos decís "mar, cielo, etc" Pero algo coherente me entendés?
- Pero que coherente va ser... el mar no siempre es azul, por ejemplo a veces tiene un color noche como la vez que estabamos con el gato Silvio en la playa. Recordás?
- Má calláte macanudo! Noche no es un color.
- Vos qué sabés petizo. El mar puede inventar colores... Bueno decíme entonces: Perdí el jueguito?
Unwin recordó a Nicolás de Cusai para quién toda línea recta es el arco de un círculo infinito.
martes, 24 de febrero de 2009
jueves, 25 de diciembre de 2008
Dialogo
-Esperaba un lugar seco con hermosas flores rebosantes de locura.
-Como tus ojos?
-No, como mi alma.
-Como tus ojos?
-No, como mi alma.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
domingo, 19 de octubre de 2008
Flores Amarillas
domingo, 12 de octubre de 2008
Refulgencia

Una vez la soledad fue un panteón
Compatible con mi silencio,
Yo compartía entonces la misma vergüenza con la noche, que hoy comparto con el día.
Yo brindaba a vaso lleno de comiteco con las arrugas del viento en una entrada vasta y complaciente a la vista. Ahí desenredaba mis penas, para luego dar pábulo a la murmuración de los inmortales.
Así, me juzgo entonces: hombre de ríos inexistentes por donde naufragan volutas etéreas. Soy y fui, y antes de ser también era un alma vieja, de esas que cojean y sangran, que se fracturan y sufren, de esas que dan pena, lastima, horror, repugnancia y risa. No hay culpa en envejecer tanto en tan pocas vidas, se deberá a lo que escogí como destino, al tratar quizás de ser avezado, me lancé a la hilera de la muerte colándome y cediendo la vida a los suertudos…
Una vez la soledad fue una figura inabrogable pero a la vez sumisa, inerme pero aun así mortal… fue un pacto entre lo tenue y lo desbocado, así una vez mas la soledad me sorprendió acompañando a mi luctuosa sombra.
Entonces, la refulgencia vino a mí. Se desnudó y se mostró acidalia conmigo por ser yo el hombre más parecido a un acetre que recoge agua inexistente y alivia el alma sedienta de nada.
Compatible con mi silencio,
Yo compartía entonces la misma vergüenza con la noche, que hoy comparto con el día.
Yo brindaba a vaso lleno de comiteco con las arrugas del viento en una entrada vasta y complaciente a la vista. Ahí desenredaba mis penas, para luego dar pábulo a la murmuración de los inmortales.
Así, me juzgo entonces: hombre de ríos inexistentes por donde naufragan volutas etéreas. Soy y fui, y antes de ser también era un alma vieja, de esas que cojean y sangran, que se fracturan y sufren, de esas que dan pena, lastima, horror, repugnancia y risa. No hay culpa en envejecer tanto en tan pocas vidas, se deberá a lo que escogí como destino, al tratar quizás de ser avezado, me lancé a la hilera de la muerte colándome y cediendo la vida a los suertudos…
Una vez la soledad fue una figura inabrogable pero a la vez sumisa, inerme pero aun así mortal… fue un pacto entre lo tenue y lo desbocado, así una vez mas la soledad me sorprendió acompañando a mi luctuosa sombra.
Entonces, la refulgencia vino a mí. Se desnudó y se mostró acidalia conmigo por ser yo el hombre más parecido a un acetre que recoge agua inexistente y alivia el alma sedienta de nada.
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